Jorge Andrada, mi padre (1)

162 cmx 130 cm. Óleo sobre tela c. 1990

El artista Nicolás Jorge Andrada Ruiz (Chilecito – Argentina 1945, Madrid – España 1995) fue pintor, escultor y mi padre.

Cursó estudios en la Escuela de Bellas Artes de Córdoba, (Argentina). En 1965 se trasladó a Buenos Aires, donde realizó  numerosas exposiciones colectivas e individuales, llegando a participa en el Salón Provincial de la capital. En 1978 viajó a París junto con mi madre, donde estuvieron viviendo un año , para después quedarse en España, en Madrid y Elche concretamente. Cuenta con premios de pintura de carácter nacional e internacional, y su pintura se encuentra en distintos museos y colecciones privadas de Argentina, España, Francia, Brasil, Alemania, Italia, EE.UU., China, Israel y Ecuador.

Aunque actualmente no hay una catalogación adecuada de su trayectoria artística completa si existen catálogos y libros de las diferentes etapas artísticas de su vida. En esta entrada de blog hablo de su penúltima etapa pictórica, que consta de una serie de lienzos cuyo tema es «la danza», una disciplina que formó parte de su vida, en gran parte por el arraigo de la tierra donde nació, en territorio argentino, donde la danza folklórica es un arte, y forma parte del sentir de la gran mayoría de los argentinos. Andrada lo llevaba en su sangre, no tanto por haber danzado, sino más como el latido de un linaje ancestral. Estas obras están fechadas en 1992, aunque su trabajo se remonta unos años atrás.

En febrero de 1992 Jorge Andrada expuso esta serie de «danzas» en la Galería F & J de Bilbao. Contó con una presentación de José Antonio Ibáñez Garayo que dice así:

» Con la presentación de la obra del artista nacido en Argentina y nacionalizado español Jorge Andrada, F & J Galería nos entrega una muestra original de contrastada calidad, gran fuerza anímica y llena de poesía que refleja el juego más libra y exquisito del espíritu individual.

 

162 cm x 130 cm. Óleo sobre tela,

 

«Queriendo leer a través de sus cuadros, siento la huella de aquella poesía de Juan Ramón Jiménez:»

 

«Abajo, el rojo es rojo; arriba el oro es claro;

abajo, son ensueños medioevales románticos;

arriba, son anhelos, aéreos y clásicos.

El cielo es todo azul, el rostro todo blanco;

los colores componen la vida; sólo es bálsamo.

La melodía triste de La Luz en los labios…»

 

En este catálogo de 1992, al comienzo del texto de Carmen Torres Ripa dice así:

Cuando los recuerdos se hacen un sitio en el presente, hay días que la niñez parece una historia que nunca ocurrió. Es tan difícil vivir con naturalidad la sencillez de lo cotidiano… De pequeña leí una frase de Benavente […]

«Nadie sabe la literatura que hace falta para no parecer literato, ni lo que hay que saber de dibujo para desdibujar. Para ocultar todo arte hay que ser un supremo artista».

En este sentido me gustaría compartir  un breve escrito sobre mi padre en sintonía con un fragmento de mi Tesis Doctoral «Paisaje, Naturaleza y Construcción en la obra de Markus Lüpertz»

“Tengo infinidad de recuerdos bellos acerca de mi padre, Jorge Andrada. Desde mi muy temprana edad le recuerdo como alguien totalmente fundido con la pintura, el estudio donde trabajaba, y él, eran la misma sustancia. Creo que ha sido una persona con una luz interior muy potente, que irradiaba a todo el mundo una transparencia vital muy hermosa.
Lo mismo puedo decir acerca de su pintura y su escultura. El poder de sus lienzos radica en los colores, pues éstos están compuestos de luz, además de su perfecta compenetración de formas y de composición, ya se trate de pintura figurativa o abstracta. En sus esculturas de bronce se puede apreciar una “luz condensada”. Las piezas tienen alma y espíritu propios.
“Los grandes artistas describen la realidad con un movimiento amplio, que a la vez encierra y condensa una esencia. Trascienden la descripción para penetrar hasta el corazón del objeto de su arte, y convierten en imagen la realidad intangible, aquella que no es posible captar únicamente con los sentidos. No describen, sino que producen un conocimiento, una visión que no podemos encontrar ni en los modelos culturales ni en las ciencias de la naturaleza.
Buscan liberar una verdad que parte de un descubrimiento; tratan de desvelar una realidad que para ellos está presente y que tiene su magia”.

[Continúa en el capítulo 2]

Carolina Andrada

 

 

 

 

 

 

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